Aquella ruta que elegía tomar sólo para verte y ahora no estás

mapa

Hace algún tiempo, salir de la universidad era un momento excitante. Me emocionaba día a día cuando acordábamos vernos para comer y platicar. No tienes idea de cuánto te extraño.

El camino empezaba en la calle Zacatecas de la colonia Roma, siguiendo por Orizaba donde gustaba detenerme en el cruce de Álvaro Obregón recordando nuestras salidas a tomar el té en Caravanseraï.

Más adelante, recuerdo de mis primeras salidas en mi auto cuando, por nervios, entré en sentido contrario al rodear la Plaza Río de Janeiro.

Mi camino sigue y al llegar a la calle de Puebla y su hermosa iglesia me recuerdan los paseos de verano que tuve con aquél que ahora no nos gusta nombrar tan seguido; también por Chapultepec, a un costado de la Glorieta de Insurgentes donde, a lo lejos, ya se puede ver Reforma 222.

Al llegar por fin a Hamburgo y Havre, justo frente a la plaza, se encuentra La Casa de Francia. Lugar que sólo he admirado por fuera y en donde tendré una cena de ensueño. Sólo me falta la ocasión.

Unos cuantos pasos más y llego a Paseo de la Reforma. Lleno de experiencias buenas y malas que, al final, siempre me recordará a tí y a mis trayectos rutinarios para verte.

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