Soñé contigo

Anoche soñé contigo, después de tanto tiempo de no saber nada ni pensar en tí. Así, repentinamente, apareciste por obra de mi subconsciente.

¡Cosa más extraña, nos vamos a casar!
Yo, vestida de blanco, con un vestido hermoso, justo como lo soñé.

Tú, tan guapo como siempre, te veías muy elegante de smoking aunque no fuera blanco como siempre lo planeamos.

¡Ya te imaginarás! Los preparativos, todos nuestros seres queridos felices por nosotros. Yo, como siempre, tardé horas y horas en arreglarme. Nunca seré suficientemente bella para tí aunque siempre me decías lo contrario.

Cuando por fin estábamos listos, detrás del altar en la iglesia y con todos nuestros invitados esperando, nosotros hacíamos lo mismo. Siempre decían que el novio no debía ver a la novia hasta que no llegara al altar, pero en realidad, eso para nosotros ya era cliché.

Me besas, te siento nuevamente, juntos y felices. ¿Estás nerviosa? Sí, pero muy feliz. Estoy emocionada.

Yo también, me dices. Después de tanto tiempo, por fin hacemos nuestro sueño realidad.

Entonces es real puesto que mencionas nuestra larga separación pero, de la misma inexplicable manera, no sabemos ¿qué pasó?, ¿cómo fue que nos reencontramos? ni ¿cómo es que nos vamos a casar?, ¡así nada más!.

No importa. La verdad es que nada me importa después de haber sentido nuevamente un beso tuyo, un beso lleno de amor, ternura, pasión, deseo, ganas de vivir, ganas de sentir, ganas de amar.

Me recuerdo intranquila, impaciente. Me pides que me recueste un momento en un diván blanco, muy cómodo, extrañamente parecido al interior de un ataúd. Mi ramo de rosas rojas sobre mi pecho, cierro mis ojos como si estuviera muerta. Siento como me quedo dormida poco a poco.

Despierto sorprendida. El vestido de novia, el ramo, el diván, la familia, la antesala de la ceremonia, todo se ha ido. Tú te has ido, otra vez. Despierto en mi cama que me dice que todo fue un sueño, a pesar de despertar en la posición en la que me dormí mientras esperaba a que empezara nuestra boda. La iluminación del ambiente era muy similar a la de mi habitación al despertar. Quizá por eso fue tan real.

¿Qué hacías en mi mente? y no lo digo como reclamo, sino porque en realidad tengo curiosidad. ¿Será que volviste para recordarme qué quiero o necesito en mi vida? ¿Será que en realidad aún te extraño, te pienso y te amo como siempre? Sé que somos muy distintos y que hasta ahora, sería demasiado difícil regresar o empezar de nuevo, ¿o no?.

Siempre me lo he preguntado. ¿Por qué las personas no se enamoran como en los cuentos de hadas? La princesa espera a su príncipe que la rescata del castillo y se casan, así sin dar más vueltas al asunto. En la vida real, siempre nos complicamos demasiado. Nos envolvemos en banalidades que no sirven más que para separar o lastimar a las personas.

Mi abuelita dice que cuando sueñas que alguien se muere, significa que se casará pronto y viceversa. Y ella y mi madre han comprobado dicha teoría en la familia varias veces. Ya sabrás cómo son esas creencias generacionales.

En fin, gracias por aparecer en mi sueño. Gracias por darme un dulce beso como hace mucho no lo he recibido, por recordarme que soy capaz de amar, que lo fui y que no es necesario seguir mi inútil creencia de estar soltera o semi soltera por siempre.

O tal vez ¿sólo volviste para confundirme más? Porque quiero creer en la decisión que he tomado, que toda relación que ha llegado a mí, mientras sea con respeto y honestidad, me gusta que sea abierta, sin tantas ataduras ni obligaciones, más natural y por convicción que por un simple título.

Fue lindo verte otra vez.

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