Nuestra amiga Mía

Respiramos diamantes grises

Te miras en el empañado espejo,

abres mi boca para ver

tus amarillentos dientes,

y esa mirada que veo del reflejo

nos muestra mi horrendo sufrimiento.

Tu lánguida y escuálida piel

hasta la puedo sentir… me enferma,

allá van tus primeras lágrimas

que se sumergen en el eterno reflejo

del silencioso y bello testigo

que es el inodoro, un buen amigo.

Mi escuálida e inmoral falange

comienza a acariciarla,

tan impulcra, tan sucia, tan desaforada,

pobre de ella,

siempre termina abusada.

Tus reflejos de antaño

ya se marcharon,

ahora solo queda el demacrado rostro

de nuestra realidad.

La estás lastimando,

nos lastimamos…

Se mueve, allí viene,

vuelves a abusar de ella para que

de una vez se expulse,

no puedes, me duele.

Lágrimas de culpa,

sangre en tu rostro virginal,

tu garganta parece que va a explotar.

Tu grito da indicio a mi recaída,

me duele tanto que

caíste rendida a nuestro

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