Vivir de una mentira

Las lágrimas caían mientras la canción decía “quiero estar contigo, regalarte mi cariño, darte un beso, ver tus ojos, disfrutando con los míos, ¡hasta siempre! Adiós, mi corazón…” 

Si bien el significado de la canción es totalmente diferente, fueron las palabras precisas para terminar de romperme el corazón. 

Y ya sé que es el mismo cuento de siempre, dándole más vueltas al asunto, llámenle inmadurez, berrinche o como quieran pero simplemente no puedo dejarlo pasar, no puedo superarlo como si cualquier persona en la calle me hubiera hecho enojar. 

Porque ya no quiero seguir viviendo de migajas de amor, porque ya no quiero seguir viviendo en una mentira. 

Lo que más me duele de esta discusión con mi madre es que, a pesar de todo, quisiera hablarle a mi abuela para felicitarla por su cumpleaños pero antes de hacerlo tengo que ensayar un guión perfectamente elaborado para no romper las mentiras de mi madre sobre por qué no le llamé ayer, por qué nunca estoy en casa cada fin de semana que nos visitan, por qué todo el tiempo que llego a casa llego acompañada de mi novio y tener que ocultar las maletas de ambos para simular que él se va a quedar a dormir con nosotros, ocultar que ya no vivo con mis padres, ocultar que deje la universidad por culpa de mi madre, ocultar a medias que trabajo y en donde trabajo (porque para el juicio de mi mamá es un trabajo vergonzoso y ni siquiera es un trabajo de verdad), y sólo por mencionar las cosas más importantes. 
Tratar de controlar eso en mi mente tal vez no sea tanto problema, pero en mis sentimientos es más difícil de lo que se cree. No tengo la necesidad de ocultar mi vida y quien soy, lo que soy, lo que hago, parece que no debo de avergonzarme de ello, si desde hace mucho tiempo he luchado por dejar de odiarme a mí misma, a mi cuerpo, a mis imperfecciones y problemas, ¿por qué debo seguir haciéndolo si ella lo demanda?.

Creo que lo más fácil sería seguir su juego y, de paso, creérmela yo también, volver a “caer”. Sin embargo, no tengo la misma “fuerza de voluntad” de cuando era joven, no puedo dejar de comer así porque sí, no puedo castigar mi cuerpo y lastimarlo porque no tengo el mismo “valor” de antes. 

Tal vez sea la razón equivocada, pero ya no puedo hacerlo más. Lo único que me queda es seguir atrapándolo en mi cabeza, seguir callando y tragarme todas las mentiras, tal vez por eso siga tan gorda, por comer tanto, por comer de más y por no digerir las cosas. 

Lo único que me queda es eso y escribir. 

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