Recibí esta carta…

Hola, soy la tan mencionada ansiedad…Vengo en son de paz, no te asustes. Aún no entiendo por qué te asusto tanto cada vez que te visito. He notado que cada vez que vengo, te pones muy tensa/o, te desesperas e incluso lloras, muchas veces siento que quisieras ya no saber de mí, hasta incluso matarme. Creo que tienes una mala imagen de mí, no he venido ha hacerte el daño que tú crees.  

Si aún no te he matado, ¿por qué crees que lo haré ahora?; porque sigues creyendo que lo haré. 

Tampoco creas que quiero volverte loco/a, sé que cada vez que te visito te asusto, que incluso he llegado a paralizar tu cuerpo, pero es porque soy intensa y me gusta moverte un poco y luego me voy. En cambio tú te asustas, y así pasamos el día tú y yo, vamos como en una montaña rusa: sube y baja.

Muchas veces quisiera que me escucharas, pero tú te niegas, así que no me dejas opción.

Últimamente estás tan ocupado/a tratando de ser el mejor, conseguir el éxito sea como sea, demostrarle a los demás lo que realmente eres digno, que ya no me escuchas.

¿Recuerdas aquel día que no pudiste dormir por pensar en lo que no lograste? ¿O cuando de la nada un día sin saber cómo, te convertiste en un mar de lágrimas? Quiero confesarte que fui yo, no me culpes.

Tú no me escuchabas, era la única manera de hacerte escuchar. Mientras que tú te empecinabas en no escuchar y seguir como si nada sucediera, yo jugaba con tu cerebro y tus emociones, no me escuchaste tampoco ese día ni a mí ni a tu cuerpo, y seguiste con tu manera de pensar. Y bueno tuve que intentar algo más fuerte. ¿Recuerdas los mareos, palpitaciones, y lo mejor la parálisis de todo tu cuerpo? Reconoce que ese fue mi mejor trabajo. Pero a ti tampoco te importó.

Aunque sospecho que me escuchas y que quizás también sientes mi presencia, creo que por ello, en los momentos que quedábamos tú y yo, muchas te ponías nervioso/a e incluso temblabas.

Muchas veces llorabas e incluso gritabas, sintiendo el frío de la muerte correr por tus venas de tu cuerpo, y ni así lo entendías.

Muchas veces me enojé y te hice sentir lo que no era ser escuchado/a, tú creías que yo era mala y ese día lo fui. Pero jamás quise llegar hasta donde te hice ir.

Fue muy duro verte llorar y que creyeras que yo te quería hacer daño, pero peor fue cuando empezaste a no comer y llegó mi amiga, la anorexia. Si me hubieras escuchado, quizás ella jamás hubiera llegado, podríamos haberlo evitado.

¿Recuerdas el día que te di la señal que él no era el correcto? Te lo advertí, en tu primera lágrima, pero tú seguiste.

Siento haber tenido que actuar así, pero tenía que hacerte reaccionar, necesitabas hacer cambios y no los hiciste. Así que tuve que venir yo, cuando ese no era tu lugar, ni tu trabajo o tu pareja, y hacértelo ver. Disculpa si te asusté.

Estoy aquí para ayudarte, para que veas qué tienes que cambiar y que si tú no lo haces, tendré que visitarte.

Es que te pegas mucho y no despegas. Y si realmente me escuchas, harás los cambios que te pedí. Harás lo imposible por estar mejor, dejarás la zona de confort, y te darás nuevas oportunidades.

Y cuando todo eso suceda, será el día que me despida de ti, cuando veas que has evolucionado y que estás dispuesto/a a creer, crecer y recuperarte a ti misma.

Eres un hueso duro de roer. Así que cuando llegue ese día, espero que nunca más tenga que regresar. Sé libre y feliz.

Sinceramente,

Tu ansiedad. 

PD: Cuando sientas taquicardia no pienses “oh no, otro ataque de pánico”, libérate, date tu tiempo, llora si es necesario. Es tu esencia que se disfrazó de mí. 

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