Errores imperdonables

¿Qué tan normal es que no sólo me identifique con esta escena, sino que también se está repitiendo muy seguido en mi vida?

¿Cuándo será el día en que por fin desaparezca y todo esto termine? ¿Cuando ya no haya dolor, ni pesadillas, ni despertar en la madrugada llorando?

¿Entonces es cierto lo que dicen? Que no soy suficiente, que por más que lo intente, jamás voy a tener el cuerpo, ni el “carisma”, ni seré tan bonita…

Ya me harté de todas esas pavadas de “sé bonita sólo para tí, ámate a tí misma, etc.”

¡LO HAGO, CARAJO! Sólo no entiendo, si ya es suficiente para mí, si amo tanto a alguien como para compartir mi felicidad, entonces ¿por qué primero estamos bien y después, deja de ser suficiente?

¿Es que, en verdad, mis errores son imperdonables? Espero con ansias el día de mi muerte, no sé si tenga el valor de adelantarla, lo único que sé es que, para todos, será lo único en lo que no me equivoque. Lo único que no sea un error…

Este post no tiene destinatario ni indirectas, es para todo el que lo lea.

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Insuficientemente flaca para llamar tu atención

“Estoy muy triste y mi vida no tiene sentido: voy a la facultad y me encierro en la cápsula malvada (mi casa), eso es todo lo que hago. Y ahora decidí no llamar más a Alejandro para ver cuánto tarda en darse cuenta de mi desaparición terrenal. ¿Se dará cuenta en algún momento de que sigo existiendo? Espero que sea antes de mi suicidio.”

Hoy tocó Abzurdah de Cielo Latini. Eso es lo que soy, lo que siempre he sido, ABZURDAH. Insuficientemente delgada, bonita, buen partido para llamar tu atención. Never good enough.

Los trastornos alimenticios y la soledad

Quienes padecemos un TCA, ya sea anorexia o bulimia sabemos de lo que se trata este círculo vicioso que comienza de la nada, tal vez con un simple comentario que parece inofensivo, o una película, simplemente con un pensamiento, esto se traduce en la idea fija que viene a nuestra mente, ese parásito que tenemos dentro nuestro desde que nos levantamos hasta que acostamos y nos hace fijar nuestras ideas en la comida, el peso y como nos vemos, entonces es cuando la ansiedad, el odio hacia nosotros mismos ESTALLA, necesitamos ese momento de soledad, para nuestro atracón, comer sin saber por qué lo hacemos o mejor dicho comer para hacernos daño, luego esa pregunta existencial…

¿Por qué lo hice?, seguramente cortamos días o con la mayor de la suerte semanas de “rutina perfecta”, mucho ejercicio y pocos alimentos, pero ahí es donde se nos cae nuestro mundo abajo, el atracón sucedió, no quiero verme, no quiero que me vean, cancelo cualquier tipo de cita sin importar la excusa que deba poner, me encierro quiero desaparecer, vómitos, laxantes y un sin fin de lagrimas son alguna de las opciones, pero en todo ese tiempo hasta que volvemos a resurgir con la esperanza pero a su vez certeza que volveremos a caer, hay algo que nos acompaña y se llama SOLEDAD 
La que necesitamos como la principal de nuestros aliados sin saber que es nuestra peor enemiga, para quien no padeció la enfermedad, les puedo contar que tenemos la “capacidad” de estar solos aun reunido de muchas personas en una cena, no importa de que hablen, nosotros solo pensamos, ¿Cómo? ¿Me miran? ¿Cuántas calorías es esa rebanada?, etc. Incluso podemos estar solos cuando tenemos sexo, nuestro cuerpo esta ahí, pero nuestra mente piensa en ese rollito que imaginamos tener, en el ejercicio que debo hacer después. TENEMOS UNA ABSOLUTA INCAPACIDAD DE DISFRUTAR MOMENTOS, por eso sabemos que la enfermedad es un infierno.


Un infierno que nos hace aislar de las personas que queremos, un infierno que cada día nos recuerda que estamos solos, así exista un centenar de personas que nos ame, nosotros estamos convencidos que nadie nos quiere que nadie nos entiende. Para que entiendan nuestra enfermedad mental nos está consumiendo nuestro cuerpo pero principalmente nuestra mente.


PADECER UN TRASTORNO ALIMENTICIO ES SENTIR EL MAS PROFUNDO SENTIMIENTO DE SOLEDAD, por algo escucharan en casi todas las personas que lo superamos una frase que se repite y repite “VOLVI A NACER”, a mi me gusta decirle “DEJE DE CONSUMIR DIAS, AHORA LOS ESTOY VIVIENDO.

Por Pablo Agustín Morejón Marinoni

I think I’m understanding why I feel like this…

Since last week, I’ve been feeling like falling apart. That’s why I decided to stop eating again. Because feeling the pain of hunger is worth for someone like me. Someone who doesn’t worth for anything. Now, Ana is taking control of myself again. I leave my life in your cold arms. Please keep me and protect me up to the bones. Please Ana, take my voice, my willness… I want you to know that I tried so hard and got so far but, in the end it doesn’t even matter…

Since last week, this song got stuck in my head. I didn’t even know the whole lyrics. Now I understand them.

A letter from someone who’s broken

Writing is always a good idea to take the pain away.
When I write, I feel like I'm lowering down the pressure in my head, in my heart and in my soul. When I feel guilty, I need to write in order to think everything is going to be ok, even though it doesn't.
This week I made a huge decision. I'm trying to be a better person, a better woman, a better human being. All the time I'm always complaining about myself, my weight, my beauty and all my imperfections. That feeling of not being enough for anything, nor for anyone. I need to stop it and start doing something about it.
Somebody told me about suicide. That is a great way to die. Well, I'm sorry for being such a coward and don't doing it in the conventional way.
I stop eating again. Don't think it's a vanity thing. It's because I'm punishing myself because I've been such an asshole.
I think I've just give up. So, I'm doing this in my way.
Please don't think I'm going to be in a bad mood. Think that is part of the consequences I deserve, part of my own punishment.
At the end, think that I'm looking for my own suicide and finally it's going to be perfect.
Finally, I'm going to be perfect.

Now it's time to put on again all the masks because, THE SHOW MUST GO ON…

I’m afraid… 

Hace poco más de un año compartí una opinión respecto a una imagen que publicó SmartFit en su cuenta de Facebook relacionada con Día de Muertos y el miedo a la báscula y a la cinta métrica. He aquí la imagen… 


¿Que qué me da más miedo?  | Tahitian Dana

Esta tarde, las lágrimas en ciertos ojos me dijeron: “me da miedo de que caigas en un punto donde ya no haya retorno” ¿te puedo decir algo? No llevo ni una semana entera y ya siento poco a poco cómo voy cayendo. 

Vuelvo a tener horarios, a contar lo que como, a contar calorías, a restringir las grasas, la sal, el azúcar, y no es por mí, “son las reglas”. 

Tengo pavor de que haya sido una decisión estúpida. Tengo pavor de que ya no me quieras cuando baje de peso, porque a este ritmo, es lo único que voy a conseguir. Si bajo de peso, me van a regañar por hacerlo y menos me van a dejar salir, y así siga creciendo el círculo vicioso. 

No tuve oportunidad de contarte un poco más el infierno que es estar dentro. De las pocas personas que ubico, con las que me relaciono y conozco, más de 3 han estado ahí por más de 5 años. Entran y salen, y no todas son unas niñas o mínimo mujeres de mi edad. Hay unas pocas que incluso me doblan la edad. ¿Te imaginas? 

¿Qué tal si a mí me pasa lo mismo? También me han contado de otras que ya no están internadas ahí, sino en un hospital porque ya no son capaces de sobrevivir por sí mismas. Y otras tantas que están encerradas en un psiquiátrico para poder controlar sus medicamentos y su comportamiento. ¿Y si yo termino igual? 

También recuperé algunas imágenes de mi Twitter, compartiré la más representativa. En esa fotografía pesaba 39 kg y quería bajar 4 kg más. Quería pesar MÁXIMO 35 kg y mínimo 30 kg. Y con la dieta y el estilo de vida que me están obligando a llevar, tengo pavor a que me vea nuevamente como en la foto. 


¿Qué hago? ¡No puedo salirme! No me lo permitirían… 

Sólo me queda respirar, fumar para calmarme… No quiero perderme de nuevo, tengo miedo que esta vez, sea para siempre. Sé que te lastima que piense así, sé que te lastima que “me despida” pero, ¿y si ya no regreso? 

Tengo miedo… ¡ayúdame!