A letter from someone who’s broken

Writing is always a good idea to take the pain away.
When I write, I feel like I'm lowering down the pressure in my head, in my heart and in my soul. When I feel guilty, I need to write in order to think everything is going to be ok, even though it doesn't.
This week I made a huge decision. I'm trying to be a better person, a better woman, a better human being. All the time I'm always complaining about myself, my weight, my beauty and all my imperfections. That feeling of not being enough for anything, nor for anyone. I need to stop it and start doing something about it.
Somebody told me about suicide. That is a great way to die. Well, I'm sorry for being such a coward and don't doing it in the conventional way.
I stop eating again. Don't think it's a vanity thing. It's because I'm punishing myself because I've been such an asshole.
I think I've just give up. So, I'm doing this in my way.
Please don't think I'm going to be in a bad mood. Think that is part of the consequences I deserve, part of my own punishment.
At the end, think that I'm looking for my own suicide and finally it's going to be perfect.
Finally, I'm going to be perfect.

Now it's time to put on again all the masks because, THE SHOW MUST GO ON…

I’m afraid… 

Hace poco más de un año compartí una opinión respecto a una imagen que publicó SmartFit en su cuenta de Facebook relacionada con Día de Muertos y el miedo a la báscula y a la cinta métrica. He aquí la imagen… 


¿Que qué me da más miedo?  | Tahitian Dana

Esta tarde, las lágrimas en ciertos ojos me dijeron: “me da miedo de que caigas en un punto donde ya no haya retorno” ¿te puedo decir algo? No llevo ni una semana entera y ya siento poco a poco cómo voy cayendo. 

Vuelvo a tener horarios, a contar lo que como, a contar calorías, a restringir las grasas, la sal, el azúcar, y no es por mí, “son las reglas”. 

Tengo pavor de que haya sido una decisión estúpida. Tengo pavor de que ya no me quieras cuando baje de peso, porque a este ritmo, es lo único que voy a conseguir. Si bajo de peso, me van a regañar por hacerlo y menos me van a dejar salir, y así siga creciendo el círculo vicioso. 

No tuve oportunidad de contarte un poco más el infierno que es estar dentro. De las pocas personas que ubico, con las que me relaciono y conozco, más de 3 han estado ahí por más de 5 años. Entran y salen, y no todas son unas niñas o mínimo mujeres de mi edad. Hay unas pocas que incluso me doblan la edad. ¿Te imaginas? 

¿Qué tal si a mí me pasa lo mismo? También me han contado de otras que ya no están internadas ahí, sino en un hospital porque ya no son capaces de sobrevivir por sí mismas. Y otras tantas que están encerradas en un psiquiátrico para poder controlar sus medicamentos y su comportamiento. ¿Y si yo termino igual? 

También recuperé algunas imágenes de mi Twitter, compartiré la más representativa. En esa fotografía pesaba 39 kg y quería bajar 4 kg más. Quería pesar MÁXIMO 35 kg y mínimo 30 kg. Y con la dieta y el estilo de vida que me están obligando a llevar, tengo pavor a que me vea nuevamente como en la foto. 


¿Qué hago? ¡No puedo salirme! No me lo permitirían… 

Sólo me queda respirar, fumar para calmarme… No quiero perderme de nuevo, tengo miedo que esta vez, sea para siempre. Sé que te lastima que piense así, sé que te lastima que “me despida” pero, ¿y si ya no regreso? 

Tengo miedo… ¡ayúdame! 

Día 2

Desayuno 

  • 5 trozos (más o menos) de papaya, melón y sandía
  • 1 quesadilla de queso Oaxaca con tortilla de harina integral 
  • 1 clara de huevo revuelta sin aceite ni sal (algunas partes se ven quemadas por la falta de aceite) 
  • Té de manzanilla sin azúcar (guácala)

Colación matutina 

  • Gelatina light (lo sé por el sabor que dejan los edulcorantes en la lengua) 
  • 2 cigarros 

Comida 

  • 1/4 de taza de sopa de verduras (agua caliente con verduras porque no tiene ni sal, ni grasa, ni consomé, saborizante, NADA)
  • 1 pedazo pequeño (demasiado pequeño) de pollo a la parrilla sin aceite ni sal
  • 5 trozos (más o menos) de verduras al vapor: brócoli, zanahoria, chayote y col (guácala la col) 
  • Más gelatina light (un vaso de esos que te dan en las pruebas del supermercado) 

Colación Vespertina 

  • Ensure de vainilla (no me tomo ni la mitad de mi ración, comienzo a creer que soy alérgica porque me causa algo de comezón en la lengua) 
  • 2 cigarros 

Cena 

  • Otra quesadilla 
  • Yogurt natural sin azúcar con 3 trozos de granola 
  • Té de manzanilla sin azúcar 

¿Es real que con esto quieren que me recupere? ¡Pero si antes de entrar aquí comía mucho mejor! De vez en cuando me entraba la necesidad de bajarle a las grasas, comer cosas sin azúcar, tomar mucha agua pero esto es una obsesión. 

La doctora A quiere que, en cuanto esté lista, me haga las pruebas de laboratorio necesarias pero, si todos mis signos vitales están bien y estables, ¿qué necesidad hay? Digo, todo el mundo dice que de vez en cuando es bueno hacerse estudios y análisis para saber cómo estamos pero YO LE TENGO PAVOR A LAS AGUJAS. 

Durante la prueba física de hoy, peso, medidas, IMC, por poco y tuve un ataque de ansiedad por sentirme encerrada en un consultorio médico. ¿Cómo pretenden que logre que me saquen sangre? 

En mi cabeza pasó la posibilidad de hacerme aquella prueba “necesaria” siempre y cuando J estuviera a mi lado. Abrazándome, cuidándome, tomando mi mano y sintiendo su calor y su voz diciendo “mírame, todo estará bien, no pasará nada, yo estoy aquí y jamás te voy a soltar” pero… sigo viajando en mis propias chaquetas mentales que se convierten en cuentos de hadas. 

J si supieras cuánto te extraño y cuánta falta me haces. Y por J me refiero a tu nombre de cariñito, porque para mí siempre serás J, aunque para el mundo seas C.  

Después de mi último cigarro, veo la luna. La veo porque sé que ella te ve también. Le pido que te cuide y te de un beso de mi parte cada que te vea y cada que la veas. 

JTM J* !

Claustrofobia

Aún no estoy encerrada y ya comienzo a sentir claustrofobia. ¿Qué me hizo tomar esta decisión? No tener nada que perder ni que ganar, simplemente no tener nada. O será ¿tener todo? Miedo, desesperación, angustia, depresión, ansiedad, adicción… 

Ayer preguntaba: tengo un dolor muy fuerte en el pecho, ¿cómo distingo si es un síntoma fisiológico o un síntoma psicológico? 


Esta noche comparto este “bonito pensamiento” para reflexionar que dice: “Tener anorexia no significa que no comas. Significa que constantemente te consume una voz diciéndote “no eres suficientemente buena””.

¿Qué pasa en el cerebro de una persona con anorexia… y por su cabeza?

Encontré esta increíble manera de darme a entender cuando digo “es que no sé por qué no puedo hacerlo sola”… La comparto “copy-paste” con su referencia de un blog de una “chava” “recuperada”, lo que también me deja pensando: “¿hasta cuándo se puede vivir así?” Y “después de vivir así, ¿qué sigue?, ¿Morir?”… 

¿Cuándo podré contestarme?


Reducir la anorexia al simple deseo o capricho de estar delgado es fijarse sólo en la punta del iceberg. De hecho, reduce a cenizas la enfermedad mental con mayor índice de mortalidad (por encima de la esquizofrenia o el trastorno bipolar). Dicho de otro modo: sería confundir la enfermedad con el síntoma.

Es por ello, que antes de fijarnos en el modo de actuar de un enfermo, sería justo detenerse e intentar descubrir qué le impulsa a tener un comportamiento tan destructivo. Es decir, ¿qué pasa por su cabeza y qué pasa en su cabeza? Dos factores que combinados, forman el perfecto caldo de cultivo para incubar un trastorno alimentario del que salen victoriosos 5 de cada 10 pacientes. Ni más ni menos que la mitad, una cifra que deja la tasa de curación bastante lejos de lo que sería deseable.

¿Qué pasa en el cerebro de una persona con anorexia?

Enmarcar la anorexia en el espectro de las enfermedades mentales, sin ir más allá, puede hacer que naufraguemos en un mar de dudas. Por este motivo es importante, para enfermos y acompañantes, que ubiquemos las zonas del cerebro implicadas en este trastorno.

En primer lugar, es necesario aclarar que la anorexia es efecto de un comportamiento obsesivo-compulsivo que nace de la extrema preocupación por las consecuencias que tendrán sus actos (aunque la comunidad médica no se pone de acuerdo a la hora de establecer el orden en el que se desencadenan ambos factores).

¿Cómo se explica a nivel cerebral?

Los expertos coinciden en señalar que nuestro cerebro no funciona igual que el de una persona sana. Ya que, entre otros,  tenemos alterado el sistema de respuesta ante el placer y la recompensa (situado en la amígdala, el núcleo accumbens, el área tegmental ventral de Tsai, el cerebelo y la glándula pituitaria).

Y es precisamente ahí, en el sistema de recompensa del cerebro dónde se pone en marcha el circuito que regula las respuestas que garantizan la supervivencia: entre ellas la alimentación.

La primera diferencia con una persona sana es que ella se alimentará cada vez que sienta hambre, ya que su cerebro generará siempre una respuesta positiva. En cambio, nuestro sistema de recompensa  no nos permitirá diferenciar entre el estímulo negativo y positivo.

La segunda, nuestro comportamiento obsesivo provoca sobreactividad en el núcleo caudado. Dicho de otro modo: sobreexplotamos esta región del cerebro, cuando una persona sana solo la pone en marcha en la toma de decisiones.

Y como no hay dos sin tres, ahí va la tercera: los neurobiólogos señalan que en nuestro caso habría alteraciones en el funcionamiento de las neuronas encargadas de comunicarse con la zona del cerebro que detecta el hambre (la ínsula anterior). Y por si fuera poco, también es la región dónde se ubican emociones, sensaciones y la percepción que tenemos del propio cuerpo. 


¿Qué pasa con nuestras hormonas?

Con todo lo dicho está bastante claro que nuestra autopista cerebral tiene baches y no sólo eso, atendiendo a los diversos estudios científicos, parece que no circula todo lo que debiera:

Son varios los cuadros clínicos en los que se ha detentado déficit de ciertas hormonas que estimulan el apetito y el peso, como es el caso de la grelina y la leptina, ésta última encargada de controlar el peso corporal.

Pero no queda ahí, a los posibles trastornos neuroendocrinos, hormonales y metabólicos pueden añadirse bajos niveles de tiamina, la vitamina que permite al organismo aprovechar la energía de los alimentos.

Y por nuestra cabeza, ¿qué pasa?

Una vez analizado el cerebro, queda observar la mente. Mejor dicho, los pensamientos de una persona con anorexia.

Los psiquiatras coinciden que el comportamiento obsesivo-compulsivo que define a las personas con anorexia, siempre se acompaña de rasgos psicológicos similares. Los que se repiten en la mayoría de historias clínicas de este trastorno alimentario: baja autoestima, necesidad de control, búsqueda de identidad, cambios bruscos de humor (euforia-estado depresivo) o necesidad constante de demostrar y mostrarse a terceros.

Todo ello puede ir acompañado de una lista de neurosis que cuanto más larga sea,  más sumergirá al enfermo en las profundas aguas de la anorexia.

Este artículo está escrito con la única intención de hacer reflexionar a todo el que crea o haya pensado que la anorexia es un capricho, una enfermedad de adolescentes, o incluso de tontos.

También de recordar que lo que vemos: la punta del iceberg sólo es una pequeña parte del enorme bloque de hielo que esconden las aguas. Tan grande es lo que hay bajo el mar que sin avisar es capaz de hundir el más grande de los barcos.


Pastor, M. (2016, November 17). ¿Qué pasa por la cabeza de una persona con anorexia Febrero 02, 2017, from http://psicocode.com/psicologia/que-pasa-por-la-cabeza-de-una-persona-con-anorexia/

Recibí esta carta…

Hola, soy la tan mencionada ansiedad…Vengo en son de paz, no te asustes. Aún no entiendo por qué te asusto tanto cada vez que te visito. He notado que cada vez que vengo, te pones muy tensa/o, te desesperas e incluso lloras, muchas veces siento que quisieras ya no saber de mí, hasta incluso matarme. Creo que tienes una mala imagen de mí, no he venido ha hacerte el daño que tú crees.  

Si aún no te he matado, ¿por qué crees que lo haré ahora?; porque sigues creyendo que lo haré. 

Tampoco creas que quiero volverte loco/a, sé que cada vez que te visito te asusto, que incluso he llegado a paralizar tu cuerpo, pero es porque soy intensa y me gusta moverte un poco y luego me voy. En cambio tú te asustas, y así pasamos el día tú y yo, vamos como en una montaña rusa: sube y baja.

Muchas veces quisiera que me escucharas, pero tú te niegas, así que no me dejas opción.

Últimamente estás tan ocupado/a tratando de ser el mejor, conseguir el éxito sea como sea, demostrarle a los demás lo que realmente eres digno, que ya no me escuchas.

¿Recuerdas aquel día que no pudiste dormir por pensar en lo que no lograste? ¿O cuando de la nada un día sin saber cómo, te convertiste en un mar de lágrimas? Quiero confesarte que fui yo, no me culpes.

Tú no me escuchabas, era la única manera de hacerte escuchar. Mientras que tú te empecinabas en no escuchar y seguir como si nada sucediera, yo jugaba con tu cerebro y tus emociones, no me escuchaste tampoco ese día ni a mí ni a tu cuerpo, y seguiste con tu manera de pensar. Y bueno tuve que intentar algo más fuerte. ¿Recuerdas los mareos, palpitaciones, y lo mejor la parálisis de todo tu cuerpo? Reconoce que ese fue mi mejor trabajo. Pero a ti tampoco te importó.

Aunque sospecho que me escuchas y que quizás también sientes mi presencia, creo que por ello, en los momentos que quedábamos tú y yo, muchas te ponías nervioso/a e incluso temblabas.

Muchas veces llorabas e incluso gritabas, sintiendo el frío de la muerte correr por tus venas de tu cuerpo, y ni así lo entendías.

Muchas veces me enojé y te hice sentir lo que no era ser escuchado/a, tú creías que yo era mala y ese día lo fui. Pero jamás quise llegar hasta donde te hice ir.

Fue muy duro verte llorar y que creyeras que yo te quería hacer daño, pero peor fue cuando empezaste a no comer y llegó mi amiga, la anorexia. Si me hubieras escuchado, quizás ella jamás hubiera llegado, podríamos haberlo evitado.

¿Recuerdas el día que te di la señal que él no era el correcto? Te lo advertí, en tu primera lágrima, pero tú seguiste.

Siento haber tenido que actuar así, pero tenía que hacerte reaccionar, necesitabas hacer cambios y no los hiciste. Así que tuve que venir yo, cuando ese no era tu lugar, ni tu trabajo o tu pareja, y hacértelo ver. Disculpa si te asusté.

Estoy aquí para ayudarte, para que veas qué tienes que cambiar y que si tú no lo haces, tendré que visitarte.

Es que te pegas mucho y no despegas. Y si realmente me escuchas, harás los cambios que te pedí. Harás lo imposible por estar mejor, dejarás la zona de confort, y te darás nuevas oportunidades.

Y cuando todo eso suceda, será el día que me despida de ti, cuando veas que has evolucionado y que estás dispuesto/a a creer, crecer y recuperarte a ti misma.

Eres un hueso duro de roer. Así que cuando llegue ese día, espero que nunca más tenga que regresar. Sé libre y feliz.

Sinceramente,

Tu ansiedad. 

PD: Cuando sientas taquicardia no pienses “oh no, otro ataque de pánico”, libérate, date tu tiempo, llora si es necesario. Es tu esencia que se disfrazó de mí. 

Nunca haces nada bien

Nunca pones atención, nunca das lo suficiente, nunca te arreglas lo suficiente para mantener la atención de quién está a tu lado, nunca eres lo suficientemente bonita, nunca eres lo suficientemente delgada, nunca aportas el dinero suficiente, nunca soportas las humillaciones, las burlas, las críticas, nunca das una opinión respetable, nunca te expresas correctamente, nunca haces los suficientes sacrificios… 
¡BASTA! 
Es hora de demostrar quién soy y de lo que soy capaz, quizá algún día se den cuenta y digan “¿cómo nunca pude ver el esfuerzo que hacía por ser… Perfecta?

Hasta que lo consiguió, y no hay nada más que hacer…