A letter from someone who’s broken

Writing is always a good idea to take the pain away.
When I write, I feel like I'm lowering down the pressure in my head, in my heart and in my soul. When I feel guilty, I need to write in order to think everything is going to be ok, even though it doesn't.
This week I made a huge decision. I'm trying to be a better person, a better woman, a better human being. All the time I'm always complaining about myself, my weight, my beauty and all my imperfections. That feeling of not being enough for anything, nor for anyone. I need to stop it and start doing something about it.
Somebody told me about suicide. That is a great way to die. Well, I'm sorry for being such a coward and don't doing it in the conventional way.
I stop eating again. Don't think it's a vanity thing. It's because I'm punishing myself because I've been such an asshole.
I think I've just give up. So, I'm doing this in my way.
Please don't think I'm going to be in a bad mood. Think that is part of the consequences I deserve, part of my own punishment.
At the end, think that I'm looking for my own suicide and finally it's going to be perfect.
Finally, I'm going to be perfect.

Now it's time to put on again all the masks because, THE SHOW MUST GO ON…

Prefacio

Sobre cómo empezó todo.

Desde niña, recuerdo que mi aspecto físico me preocupaba. Siempre me sentí gorda. Y bueno, a la edad de 10 años, viviendo con mi abuela que, como todos sabemos, ellas siempre nos alimentan hasta por los codos, me sentía mucho peor. Recuerdo incluso que muchas veces, mientras ella estaba distraída o hacía otras cosas, yo aprovechaba para deshacerme de la comida que me daba.

La guardaba en servilletas para ir a tirarla al WC, simulaba que torpemente se me caía el plato para no terminar de comer, entre muchas otras cosas. A veces se daba cuenta de que lo hacía a propósito y otras no. El punto es que desde entonces me sentía mal conmigo misma y trataba de hacer cosas para bajar de peso sin saber lo que realmente significaba estar enferma y obsesionada con dicho tema.

Terminando mi educación primaria, a los 12 años mis padres decidieron llevarme a vivir de vuelta con ellos. Inicialmente yo no vivía con ellos porque no tenían tiempo de cuidarme, atenderme, llevarme a la escuela y todas esas cosas que se hacen con los niños pequeños. Pensaron que para la secundaria, ya podía valerme por mí misma en muchas situaciones y sería más fácil la convivencia.

A los 13, comenzaron a llevarme a un gimnasio que se inauguró cerca del departamento donde vivíamos. Comenzamos con clases de “spinning” ya que antes solíamos salir a pasear en bicicleta los domingos y después dejamos de hacerlo. Más que una actividad familiar, ellos lo veían por el hecho de hacer ejercicio, mantenerse saludables y no engordar demasiado.

Pasó un mes y la hermana del dueño del gimnasio me invitó a tomar clases de “hawaiano” ya que ella abriría un grupo nuevo con chicas de diferentes edades. Desde siempre, las artes, la música y la danza han sido mi pasión y aproveché el momento para desarrollarlos.

Salía de la secundaria a la 1:40 pm, sin embargo, mi padre siempre ha sido impuntual e irresponsable y me recogía entre 2:30 y 3:00 pm. Evidentemente al llegar a casa, no había nada para comer pues mi madre trabaja de tiempo completo y él se las ingeniaba para no darse el tiempo suficiente de hacer esas labores. Por esto es que me llevaba a algún lugar a comer pero por cuestiones de tiempo y digestión, me hacía comer ensaladas. Nunca me molestó comer verduras y esas cosas como a los demás niños, así que todos salíamos ganando.

A grandes rasgos, si consideramos los factores de: ejercicio diario + dieta extremadamente saludable + cambios hormonales típicos de la adolescencia, obtenemos como resultado una pérdida de peso notable a simple vista; generalmente, sucede un aumento de peso en niñas de esa edad pero en mi caso fue al revés ya que fue el inicio de los regímenes alimenticios que han perdurado hasta 10 años después.

Como siempre, desde mi punto de vista, estos fueron algunos de los factores que propagaron una disciplina que poco a poco se convirtió en obsesión, desorden y todo lo demás. Como siempre dicen: “evita el exceso”.

El comienzo de mis excesos…

Sin pudor, sin censura…

Hace algún tiempo que pasaron estos capítulos en mi vida. Sin embargo, pocas personas saben de ellos. En esta ocasión, me ha inspirado compartir mi historia de anorexia. Una etapa de mi vida desde lo difícil hasta lo peor. Lo que nunca verán en estos relatos es “negarle” la oportunidad a una niña que busca en internet sobre ¿cómo ser anoréxica? ya que eso es algo que no se encuentra en las redes sociales. Espero no tener denuncias ni que cierren mi página por esto pues, estoy totalmente en contra de la censura.

Jamás daré un “tip” o consejo sobre cómo bajar de peso, cómo mentir, cómo ser una princesa ya que, volvemos al punto, ese tipo de cosas no se adquieren. Estamos hablando de una enfermedad tan grave que ha causado muertes en el mundo. No por descuido de las personas “responsables” de la persona enferma, sino porque la persona se suicidó lentamente. Esa fue su decisión y nada ni nadie pudo cambiarla.

Por favor, denme una oportunidad de narrar mi historia y de escuchar a quienes padecen o padecieron algún trastorno alimenticio. Les aseguro que será muy gratificante saber que hay alguien que te escucha, que te entiende, que sabe por lo que estás pasando porque recuerden que “sobre anorexia sabe más una anoréxica que un nutriólogo o cualquier médico”; de eso no hay duda alguna.

Nota: no estoy desacreditando a nadie. Simplemente no se puede saber de algo de lo que no se ha experimentado personalmente.

Por otra parte, tampoco responderé a ninguna persona que me ofenda, insulte o piense que hago esto para “tener seguidores” o para llamar la atención pues recordemos que el internet es un medio ampliamente libre en el sentido de que cada quién escoge qué ver, leer y escuchar. Si no están de acuerdo, pasen a otra dirección.

Por último, me niego rotundamente a dar consejos a aquellas niñas que dicen ser anoréxicas porque no comen una vez al día, porque cuando salen a alguna plaza con sus amigos comen ensaladas mientras en casa se atascan de papitas, y cosas similares. Vaya pues, me refiero a lo que las anoréxicas en redes sociales llamamos “wanna be*”.

De la misma manera trataré de ser lo más explícita posible en cuanto a cierta “terminología” aplicada en esta situación. Como primer punto, les explico que el término “wanna be” es abreviación del inglés “want to be” que traducido al español sería “querer ser”.

A continuación, mis relatos más allá de los límites impuestos por el pudor y la censura.