Día 2

Desayuno 

  • 5 trozos (más o menos) de papaya, melón y sandía
  • 1 quesadilla de queso Oaxaca con tortilla de harina integral 
  • 1 clara de huevo revuelta sin aceite ni sal (algunas partes se ven quemadas por la falta de aceite) 
  • Té de manzanilla sin azúcar (guácala)

Colación matutina 

  • Gelatina light (lo sé por el sabor que dejan los edulcorantes en la lengua) 
  • 2 cigarros 

Comida 

  • 1/4 de taza de sopa de verduras (agua caliente con verduras porque no tiene ni sal, ni grasa, ni consomé, saborizante, NADA)
  • 1 pedazo pequeño (demasiado pequeño) de pollo a la parrilla sin aceite ni sal
  • 5 trozos (más o menos) de verduras al vapor: brócoli, zanahoria, chayote y col (guácala la col) 
  • Más gelatina light (un vaso de esos que te dan en las pruebas del supermercado) 

Colación Vespertina 

  • Ensure de vainilla (no me tomo ni la mitad de mi ración, comienzo a creer que soy alérgica porque me causa algo de comezón en la lengua) 
  • 2 cigarros 

Cena 

  • Otra quesadilla 
  • Yogurt natural sin azúcar con 3 trozos de granola 
  • Té de manzanilla sin azúcar 

¿Es real que con esto quieren que me recupere? ¡Pero si antes de entrar aquí comía mucho mejor! De vez en cuando me entraba la necesidad de bajarle a las grasas, comer cosas sin azúcar, tomar mucha agua pero esto es una obsesión. 

La doctora A quiere que, en cuanto esté lista, me haga las pruebas de laboratorio necesarias pero, si todos mis signos vitales están bien y estables, ¿qué necesidad hay? Digo, todo el mundo dice que de vez en cuando es bueno hacerse estudios y análisis para saber cómo estamos pero YO LE TENGO PAVOR A LAS AGUJAS. 

Durante la prueba física de hoy, peso, medidas, IMC, por poco y tuve un ataque de ansiedad por sentirme encerrada en un consultorio médico. ¿Cómo pretenden que logre que me saquen sangre? 

En mi cabeza pasó la posibilidad de hacerme aquella prueba “necesaria” siempre y cuando J estuviera a mi lado. Abrazándome, cuidándome, tomando mi mano y sintiendo su calor y su voz diciendo “mírame, todo estará bien, no pasará nada, yo estoy aquí y jamás te voy a soltar” pero… sigo viajando en mis propias chaquetas mentales que se convierten en cuentos de hadas. 

J si supieras cuánto te extraño y cuánta falta me haces. Y por J me refiero a tu nombre de cariñito, porque para mí siempre serás J, aunque para el mundo seas C.  

Después de mi último cigarro, veo la luna. La veo porque sé que ella te ve también. Le pido que te cuide y te de un beso de mi parte cada que te vea y cada que la veas. 

JTM J* !

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Día 1

9:00 am llegamos. Madre se despide con un beso y lágrimas en los ojos. Espera que la próxima vez que nos veamos, reciba a la hija que durante casi 26 años deseó tener. 

Como ya soy “mayor” y además estoy “por voluntad propia” me leen mis derechos. Corrección: me leen las reglas del lugar, los “do’s & don’ts”, horarios, talleres, todo lo necesario para ser una persona diferente al salir de aquí. “No es una carcel” pero necesitamos disciplina. 

Me piden mis cosas de valor, mi cartera, celular (lo voy a conservar conmigo, gracias) “de acuerdo, pero tienes horarios para usarlo” ¡¿QUÉ?! ¡ESO VENÍA EN LAS LETRAS CHIQUITAS! “Como bien sabes, la tecnología hoy en día no es más que una distracción para los jóvenes y siendo ustedes tan vulnerables, también puede ser un factor de alto riesgo para que se confundan más”. ¡YO NO ESTOY CONFUNDIDA! Simplemente ¡NO QUIERO ESTAR ENCERRADA Y AISLADA! “Bien, de acuerdo a tu comportamiento, negociaremos cuánto tiempo y en qué horarios podrás usarlos. Debes estar consciente de que tienes muchos “privilegios” en comparación con las demás chicas” PERO CLARO, YO ESTOY AQUÍ “POR GUSTO” MÁS QUE POR NECESIDAD. Además, no son “privilegios” son obligaciones que tengo que cumplir (ya buscaré la manera de salirme con la mía y convertirlos en privilegios como dicen). 

Me llevan a instalarme en mi nueva habitación. Nada como un par de compañeras para platicar (inserte enojo con ojos al cielo aquí). Afortunadamente, ninguna de las dos tiene permiso para usar una cama superior. Me indican que debo dormir arriba y que por ningún motivo debo cambiar de lugar con mis compañeras. Debo desempacar y correr a terapia de grupo. 

Llego a la sala donde están todas. Se ven tan demacradas, tristes, ojerosas, delgadas y otras se ven muy pasadas de peso. Me piden que me presente como en mi primer día de escuela: “nombre, edad, gustos, pasatiempos, escolaridad y qué espero lograr durante y después de mi estancia en este lugar”. 

¿Qué espero lograr? SUPERAR LAS EXPECTATIVAS DE TODO AQUEL QUE ME CREYÓ INSUFICIENTEMENTE BUENA, DELGADA, BONITA, ETC. 

El tema de hoy es “¿cómo crees que tus padres influyeron para desarrollar tu trastorno alimenticio?” (Buena manera de comenzar). 

Una por una va comentando su experiencia propia, se van compartiendo “el orbe de la palabra” una pelota de peluche que te da el derecho a hablar sin ser interrumpida. ¡Dios! ¿Están seguros de que esto no es una carcel? No. Esto es una casa para locas. 

Todas lloran, todas se deprimen, todas gritan porque sus padres son responsables de su enfermedad. Pero yo no logro sentir mucho, en realidad no siento nada. Sólo que ya me aburrí y quiero salir de aquí, no vine a escuchar dramas de niñitas consentidas que lloran porque sus mamás no sólo no lograron ser bailarinas, gimnastas, artistas, etc. tampoco lograron ser delgadas y obligaron a sus hijas a serlo a como diera lugar. 

Me dicen que es normal, que en lo que me adapto poco a poco tendré confianza para platicar mi situación y confiar en las demás para poder salir juntas. ¡Vaya método! Yo sabía que las personas que pueden ayudarte a salir de esto deben NO estar enfermas. Vamos a la colación matutina y a clase de arte. No tengo mucho que hacer más que avanzar lo más que pueda en mi diario. “Debes elegir a una persona de tu entera confianza, alguien a quien quieras recurrir cuando ya no puedas más y que esa persona no te rechace (espero no haberme equivocado). También llevarás un diario en el cual anotarás tus comidas y tu experiencia para que al final, veas tu propio progreso. Ya tengo un diario, pero es “online”, es mi blog, ¿puedo utilizarlo? (Cruzo los dedos) “está bien, mientras sea con supervisión”. 

Lo único que no pienso compartir son mis comidas. Porque en realidad son asquerosas. No, no es el trastorno el que habla. Soy yo, a la que le gusta el pan con azúcar, el café con azúcar (no stevia), el huevo revuelto con algo y con sal, no sólo las claras, los pancakes con azúcar y miel, no integrales y sin nada encima, y a la que le caga, desde los 8 años (o antes) el ensure. Si me dieran bien de comer, quizá no lo necesitaría. 

Para ser el día 1 me siento mal, nadie me escribe, corro al celular a ver mis notificaciones y nada. Hasta que logro que me lo quiten. “Ya tuviste mucho celular por hoy, mañana si te portas bien, tendrás más tiempo”. 

El día transcurre como un día normal de vacaciones en casa de mis padres. Si sigue así, me volveré loca. La súper ventaja de este lugar: “ya eres mayor, si quieres puedes salir a fumar en tus tiempos libres y de lectura” ¡GRACIAS DIOS! ¡ERES GRANDE! 

La hora de dormir es entre las 10 y 10:30. Como no tengo sueño, decido leer hasta que me lo permiten. Afortunadamente la lectura me relaja y me evita pensar de más. 

Hoy me extendí demasiado con mi primer día. Al igual que con todo, sólo espero acostumbrarme para ir sintetizando ideas, pensamientos, sentimientos y poder compartir una narrativa más amena e interesante. Y como decimos en el escenario: 3ª llamada, ¡Comenzamos!

¿Qué pasa en el cerebro de una persona con anorexia… y por su cabeza?

Encontré esta increíble manera de darme a entender cuando digo “es que no sé por qué no puedo hacerlo sola”… La comparto “copy-paste” con su referencia de un blog de una “chava” “recuperada”, lo que también me deja pensando: “¿hasta cuándo se puede vivir así?” Y “después de vivir así, ¿qué sigue?, ¿Morir?”… 

¿Cuándo podré contestarme?


Reducir la anorexia al simple deseo o capricho de estar delgado es fijarse sólo en la punta del iceberg. De hecho, reduce a cenizas la enfermedad mental con mayor índice de mortalidad (por encima de la esquizofrenia o el trastorno bipolar). Dicho de otro modo: sería confundir la enfermedad con el síntoma.

Es por ello, que antes de fijarnos en el modo de actuar de un enfermo, sería justo detenerse e intentar descubrir qué le impulsa a tener un comportamiento tan destructivo. Es decir, ¿qué pasa por su cabeza y qué pasa en su cabeza? Dos factores que combinados, forman el perfecto caldo de cultivo para incubar un trastorno alimentario del que salen victoriosos 5 de cada 10 pacientes. Ni más ni menos que la mitad, una cifra que deja la tasa de curación bastante lejos de lo que sería deseable.

¿Qué pasa en el cerebro de una persona con anorexia?

Enmarcar la anorexia en el espectro de las enfermedades mentales, sin ir más allá, puede hacer que naufraguemos en un mar de dudas. Por este motivo es importante, para enfermos y acompañantes, que ubiquemos las zonas del cerebro implicadas en este trastorno.

En primer lugar, es necesario aclarar que la anorexia es efecto de un comportamiento obsesivo-compulsivo que nace de la extrema preocupación por las consecuencias que tendrán sus actos (aunque la comunidad médica no se pone de acuerdo a la hora de establecer el orden en el que se desencadenan ambos factores).

¿Cómo se explica a nivel cerebral?

Los expertos coinciden en señalar que nuestro cerebro no funciona igual que el de una persona sana. Ya que, entre otros,  tenemos alterado el sistema de respuesta ante el placer y la recompensa (situado en la amígdala, el núcleo accumbens, el área tegmental ventral de Tsai, el cerebelo y la glándula pituitaria).

Y es precisamente ahí, en el sistema de recompensa del cerebro dónde se pone en marcha el circuito que regula las respuestas que garantizan la supervivencia: entre ellas la alimentación.

La primera diferencia con una persona sana es que ella se alimentará cada vez que sienta hambre, ya que su cerebro generará siempre una respuesta positiva. En cambio, nuestro sistema de recompensa  no nos permitirá diferenciar entre el estímulo negativo y positivo.

La segunda, nuestro comportamiento obsesivo provoca sobreactividad en el núcleo caudado. Dicho de otro modo: sobreexplotamos esta región del cerebro, cuando una persona sana solo la pone en marcha en la toma de decisiones.

Y como no hay dos sin tres, ahí va la tercera: los neurobiólogos señalan que en nuestro caso habría alteraciones en el funcionamiento de las neuronas encargadas de comunicarse con la zona del cerebro que detecta el hambre (la ínsula anterior). Y por si fuera poco, también es la región dónde se ubican emociones, sensaciones y la percepción que tenemos del propio cuerpo. 


¿Qué pasa con nuestras hormonas?

Con todo lo dicho está bastante claro que nuestra autopista cerebral tiene baches y no sólo eso, atendiendo a los diversos estudios científicos, parece que no circula todo lo que debiera:

Son varios los cuadros clínicos en los que se ha detentado déficit de ciertas hormonas que estimulan el apetito y el peso, como es el caso de la grelina y la leptina, ésta última encargada de controlar el peso corporal.

Pero no queda ahí, a los posibles trastornos neuroendocrinos, hormonales y metabólicos pueden añadirse bajos niveles de tiamina, la vitamina que permite al organismo aprovechar la energía de los alimentos.

Y por nuestra cabeza, ¿qué pasa?

Una vez analizado el cerebro, queda observar la mente. Mejor dicho, los pensamientos de una persona con anorexia.

Los psiquiatras coinciden que el comportamiento obsesivo-compulsivo que define a las personas con anorexia, siempre se acompaña de rasgos psicológicos similares. Los que se repiten en la mayoría de historias clínicas de este trastorno alimentario: baja autoestima, necesidad de control, búsqueda de identidad, cambios bruscos de humor (euforia-estado depresivo) o necesidad constante de demostrar y mostrarse a terceros.

Todo ello puede ir acompañado de una lista de neurosis que cuanto más larga sea,  más sumergirá al enfermo en las profundas aguas de la anorexia.

Este artículo está escrito con la única intención de hacer reflexionar a todo el que crea o haya pensado que la anorexia es un capricho, una enfermedad de adolescentes, o incluso de tontos.

También de recordar que lo que vemos: la punta del iceberg sólo es una pequeña parte del enorme bloque de hielo que esconden las aguas. Tan grande es lo que hay bajo el mar que sin avisar es capaz de hundir el más grande de los barcos.


Pastor, M. (2016, November 17). ¿Qué pasa por la cabeza de una persona con anorexia Febrero 02, 2017, from http://psicocode.com/psicologia/que-pasa-por-la-cabeza-de-una-persona-con-anorexia/

Recovery

“La recuperación es posible, siempre y cuando se cuente con el apoyo adecuado y la disposición de la persona en cuestión”

He escuchado tantas veces esta frase tan ambigua que, a la vez, me es una gran verdad y una mentira absoluta.

He tratado tantas veces de salir, pero me parecen más las veces que caigo. Ahora no quiero que pase otra vez.

Pareciera que las cosas no siempre son lo que se cree y simplemente vamos navegando dormidos, llevados por la corriente natural de la vida. El ciclo de amanecer y despertar de nuevo sin cambio alguno, como hipnotizados por dicha rutina.

Entonces, ¿cuál es la respuesta al gran enigma de la vida? ¿Qué pasaría si un día cualquiera, despertara del trance y me diera cuenta de que todo fue un sueño?

Todo lo que sufrí, todo el dolor, el llanto, las personas a las que lastimé; y al mismo tiempo, todo lo que reí, amé, disfruté, bailé y viví al máximo, no fueron más que producto de mi subconsciente. Una realidad onírica casi imposible de repetir.

Me encuentro con ese dilema. El no poder distinguir entre lo real y lo que aluciné. Incapaz de tomar una decisión sobre cuál es mejor o cuál elegir.

Cada recaída forma parte de eso, pues comparado con la recuperación, a veces me parece más fuerte.

Ha sido un día largo, de esos que quiero que ya terminen.

¿Será real eso de la “recuperación”? ¿O no es más que otro de esos planos oníricos en los que todo está bien?
Mentiras a voces, verdades a medias en una realidad absolutamente individual.

No quiero “recuperarme” porque significaría que “estuve mal”. Simplemente quiero que todo esté bien, no de una manera mediocre y conformista, sino que haya sido como un capítulo más que ha quedado atrás al dar vuelta a la página.

Solamente, quiero estar bien…
Solamente, quiero estar…
Solamente, quiero…
Solamente…
Sola…
Sol…